
De mi colegio de monjas, no salí por la puerta ancha. Antes de tomar mis pertenencias y despedirme de la institución que me entregó conocimientos fundamentales, decidí realizar el acto libertario más extremo para un adolescente con ideologías rebeldes y con olor a leche. La idea era simple y púber; sacar una serie de fotografías a iconografías cristianas, que se encontraban en los alrededores de la escuela, haciendo gestos profanos. Por ejemplo, salir besando apasionadamente una foto del papa Juan Pablo II o pararle el dedo de al medio a una gigantografía de Jesús. Mi amiga de años fue mi cómplice y subimos las fotos a un incipiente Facebook. Nos pillaron y nos castigaron con el peor de los castigos: QUEDARNOS SIN GRADUACIÓN, POR QUE DIOS MIO, POR QUE!? (por la preocupación de ustedes, señores lectores, con mi compañera de lucha logramos superar tamaño trauma de vida).
Pero qué mierda les debe importar mi paso por el colegio. Todos tenemos una historia con esa etapa de la vida que nos ayudó bastante en volvernos un poquito locos. La cosa es que el viernes salí a tomar con una ex compañera. No éramos muy cercanos pero en la actualidad nos encontramos en las marchas por la educación y eso lo encuentro un buen rollo. Le dije que fuéramos a un bar gay y como toda heterosexual le gusta compartir las frivolidades del amigo hueco. Después de medio pitcher de cerveza nos percatamos que en la mesa de al lado se encontraba una ex profesora nuestra. Con mi ex compañera quedamos atónitos. Ella nos miró tan sorprendida como nosotros estábamos ante su presencia. Nos saludamos y abrazamos afectuosamente.
También me causa ira. Pero yo le agradezco a la rabia, porque logra remecerte y generar un pensamiento crítico que puede transmitirse y crear revoluciones. Espero que cada día, más personas se den cuenta del mal que le hace a una sociedad pensante el regirse por dogmas, los cuales no hacen más que encasillarte y tratarte como un todo que aspira a la perfección heteronormativa, cuando se es tan rica la diferencia en todos los niveles.
Ahora que escribo sobre mi ex profesora me alegro por ella. Puede que económicamente esté pésimo, pero al menos tiene la libertad primordial que todos los seres humanos debiésemos llevar como insignia de vida y tatuarnos en el pecho: el ser.





