Antes de comenzar les aviso que este (como las demás columnas) contiene spoilers, por lo que recomiendo que vean la película antes para no sabotearles algunas partes =D.
Siempre he pensado que las pasiones más ocultas son las que nos hacen sentir más atraídos a los demás. Puede que sea el mero hecho de pensar en lo desconocido, en sentir que nunca terminamos de conocer al otro o quizá sólo sea un deseo sexual oculto lo que nos mantiene interesados (Sigmund Freud nos daría una charla de aquello para respondernos las muchas variantes que tiene esa afirmación). David Lynch hizo un gran trabajo en plasmar ese sentimiento tan raro que me imagino a muchos nos ha pasado sin siquiera estar consientes de ello.
En Blue Velvet, la historia comienza mostrándonos la normalidad absoluta que plantean los suburbios gringos de los 50s, pero claro, con un giro aterrador que hace de esta, una historia violenta que va ligada justamente con el deseo de conocer lo oculto. Para ello, el director utilizó recursos muy sutiles, como el simbolismo “lyncheano” (como fue catalogado este particular estilo) en la primera escena, donde ese reluciente césped esconde muchos bichos, que acompañado de un melodía particular intenta descolocar al espectador con elementos cotidianos; esto quiere decir que en esta historia, lo que parece normal esconde un misterio aterrador. También muestra el abuso de poder que se manifiesta con la extrema violencia, tanto física como psicológica, a personajes frágiles.
Todos los personajes tienen un deseo oculto que los lleva a actuar desenfrenadamente ante cualquier estímulo. De estos personajes, el que encontré más enigmático fue el interpretado por Isabella Rosellini, llamado Dorothy Vallens. Es que ¿cuan mal podís llegar a estar de la cabeza?
La primera vez que sabemos de ella es cuando el protagonista, Jeffrey (interpretado por Kyle MacLachlan), se ve envuelto en un lío cuando encuentra una oreja cortada en el suelo de su caminata cotidiana. Después de entregársela al policía del condado, siente las ganas de saber que hay detrás de esa oreja. Así comienza una investigación por su cuenta (porque cuando grande quiere ser detective y también por su deseo de saber más –encontraste una oreja, obviamente da curiosidad-). Una cosa lleva a la otra y llega al departamento de Dorothy, una pieza clave en este misterio.
La mujer se nota perturbada (la actuación de Rosellini es muy buena), por una razón que desconocemos, pero a la vez siente un deseo sexual instintivo hacia Jeffrey. Le mola el masoquismo a la tía, así que los besos apasionados llevan a que le pida al tipo que le pegue, él se niega pero ella insiste. Como en toda película de Lynch, no se nos muestra explícitamente el porqué de su fetichismo, pero con el correr del film nos podemos dar una idea.
La Vallens canta en un bar a la que va gente con la que no te gustaría fucking with. Mientras canta una bellísima versión de “blue velvet” de Bobby Vinton, vemos como un tipo con vista de perv toca un pedacito de terciopelo de, claramente, color azul; con cara de emoción y excitación al oír esa melodía. Este personaje es F
rank (Dennis Hopper), quien tiene una extraña obsesión con ella.
Y por extraña nos referimos a esto: entra a su cueva (llamado departamento), mientras Jeff se encontraba besuqueándose con ella. El joven busquilla logra esconderse en un armario donde logra ver una de las escenas más bizarras de dominación sexual en el cine desde “Un perro andaluz”. Frank la golpea, la fuerza a enseñarle su vagina mientras le dice “mommy”, con voz de hijo indefenso. Él se nota caliente e ido. Le dice a la sumisa Dorothy que le hable cariñosamente como su madre, pero si esta osa mirarlo, él la golpea fuerte, por lo que debe mantener su hacia otro lado. Ella le mete un pedazo de su bata de terciopelo azul en la boca, mientras él sigue enajenado y tratándola como a su madre. La escena es a lo menos creepy.
- Dorothy: mommy loves you
- Frank: baby wants to fuck
Dorothy se encuentra atrapada en esta extraña relación porque Frank la tiene aprisionada, situación que se da debido a que este hombre ha secuestrado a su hijo. No se sabe por cuanto tiempo, pero se supone lo suficiente para generarle un trauma sicológico a la pobre. Ella mantiene una postura sumisa al hablar y al expresarse. En el sexo que mantiene con Jeffrey se notan costumbres que Frank le imponía, como el no mirarlo a los ojos y el masoquismo (no se sabe con certeza si este fetiche lo tenía de antes o fue impuesto por la manipulación de su presidiario).

Nuestro héroe se mantiene más atado al caso por la lástima que siente por ella, por lo que el resto de la película trata de ayudarla a escapar y recuperar a su hijo. Y con su niño, la tranquilidad y cordura.
La película recibió una gran aceptación por parte de la crítica, lo que le debió variadas nominaciones en premiaciones, como en los Oscar. Isabella Rosellini ganó un Independent Spirit Award a mejor actuación. Esta es una de las obras maestras de David Lynch y es también un triunfo para el cine contemporáneo.
(esta columna estará pronto en www.rindanseterricolas.cl)

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