sábado 28 de enero de 2012

Japón loco



Existen cosas en el mundo que, como bien decía la gran Gilda, nos asustan pero nos gustan. En mi caso, no existe weá que me genere tanta curiosidad, fascinación y a la vez temor, como la cultura nipona. Desde pequeño soy fanático del anime, en especial las obras de Hayao Miyazaki o esa oda al existencialismo llamado Evangelion. Pero al crecer uno se percata de lo extraño que resulta ese país de personas de estatura media y ojos rasgados. En alguna pará extraña se encuentra esa cultura tan llamativa.

Adentrarse en la cultura japonesa es una hazaña sin fin. Como bien decía el psicólogo Paul Watzlawick al describir la relación de “doble vínculo” entre la comunicación y la cultura, “aprender una lengua o una información sobre una cultura se hace más sencillo que la adaptación e interiorización de valores o de emociones de otra cultura que no es la propia”. Tomando en cuenta la creencia popular que posiciona al idioma japonés en uno de los más complejos por aprender, hace que cualquier occidental se halle desorientado ante cualquier aproximación que se haga a su lingüística, más aún pensando que todo ese conocimiento gramático que adquieras no te ayudará en nada a interiorizarte en su mentalidad y mucho menos llegar a conocerlos en su totalidad.

Además de las restricciones que se nos presentan como un muro que nos mantiene alejados de su entendimiento, nos encontramos con lo que muestran al mundo, lo que podemos apreciar de cómo son. Y sencillamente son pa’ la cagá. Lo que más me sorprende es su fascinación por infantil, lo tierno, o como lo definen ellos, lo “kawaii”. Sus programas de televisión, sus publicidades, la música pop que la lleva, todo es muy tierno, a pesar de que sean adultos y por ello, lo primero que uno se cuestiona es ¿por qué jesús que estás en los cielos, POR QUÉ? o más concreto: ¿a qué estado de la conciencia ha llegado esa cultura, donde son los eslabones en la tierra que nos mantienen unidos a lo que se viene, al futuro?

Japón es el país líder en tecnología. El teléfono hecho a base de aire que funciona con ondas magnéticas unidas al sistema nervioso que deben estar creando ahora, será la sensación occidental en unos 30 años más. Y qué es lo único estable en lo tecnológico, ya que siempre se trata de estar un paso más adelante: la dependencia. La única gracia de tantas implementaciones a un mismo producto, como un teléfono, es que tenga más gadgets, pero en el fondo siempre se estará trabajando en un producto que funciona para comunicarse con los demás. Entonces son un claro ejemplo del consumismo mundial, del sistema capitalista y por su inteligencia, los hace ser la máquina pensante que generará las necesidades físicas para el resto del mundo. La media pega.

Pero esa responsabilidad que se auto-impusieron por ser una cultura tan capaz e inteligente les retribuye un estrés magnánimo, donde el ser mejor que el otro, donde el ser más creativo y donde el ser parte de su sistema como un ente competente, se convierte en su motor de vida. Lo que desencadena en que los nipones lideren las tazas de suicidios anuales en todo el globo. El no sentirse idóneo en su sistema debe significarles un problema existencialista y basándose en su tradición milenaria, el suicidio sería la gran vía de escape.

Entonces, una idea que se me ocurre sobre la inquietud que planteé anteriormente sobre su fijación por lo infantil, debe justificarse a su ritmo de vida tan matemático, tan doctrinal, por lo que deben escapar de su realidad tan cuadrada pensando en la etapa de menores preocupaciones de la vida, la niñez. Los japoneses han llegado a un estado en el que se sienten tan abrumados por su sistema donde deben recurrir a estímulos visuales coloridos, con osos pandas bailando en dos patas, para sentirse relajados

Si evolucionar es llegar a ser como los japoneses, por favor buda llévame de esta tierra.